Guía de Portugal

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Hasta las chimeneas son bellas en el Algarve. Ⓒ María Calvo.
Hasta las chimeneas son bellas en el Algarve. Ⓒ María Calvo.

Portugal es pasión, es saudade, es luz, es fado…Portugal es un mosaico de paisajes, levadas de Madeira, inmensas playas de arena blanca y fina, calas de aguas transparentes, miradores en las montañas, acantilados mirando al Atlántico…Portugal son callejuelas empedradas, monumentos impecables, el azul y el verde y el amarillo de los azulejos, y las chimeneas del Algarve…Portugal son  delicias de bacalhau, caldeiradas, rissois de camarão y pasteis de nata. Y vino de Madeira, vino de Oporto, vinho verde. Portugal somos nosotros cuando lo recorremos, porque nos fundimos con su paisaje, con sus gentes, con sus sonidos, con su luz,…

Con sólo entrar en este país de uno y mil paisajes, ya escuchamos ese siseo, ese regalo para los oídos que es la lengua portuguesa, una de las más bonitas que conocemos. Viajar a Portugal es, en primer lugar, entrar en contacto con esas gentes amables y acogedoras y escucharlos hablar, intentar comunicarnos en la lengua de Pessoa sin que nos respondan en la de Cervantes, ya que a los lugares a los que viajamos siempre preferimos escuchar la lengua del país.

Portugal posee un patrimonio monumental de belleza única. © María Calvo.
Portugal posee un patrimonio monumental de belleza única. © María Calvo.

Viajar a Portugal desde el norte, por la frontera con Galicia o con Castilla-León es adentrarnos a la magnífica región de Tras-os-Montes, un Portugal diferente, menos turístico, que ofrece al viajero paisajes de montañas y parques naturales, así como magníficas zonas monumentales en Chaves, Lamego, Bragança, con su ciudad medieval amurallada y su castillo, o Vila Real, la capital, con sus edificios aristocráticos. O el Parque Nacional Peneda-Gerês, entre el Alto Minho y Tras-os-Montes, con su paisaje natural único, el Miño, las montañas, la exuberante vegetación, las aldeas relacionadas con la antigua transhumancia, que les ofrece posibilidades de hacer rutas de senderismo. Otra posibilidad de llegar a Portugal por el norte es por el río Miño, en barco, desde A Guarda (y tras visitar en Galicia el Monte Santa Tecla y disfrutar de las vistas panorámicas de Portugal desde lo alto) y llegar a Caminha, y así comenzar a conocer la costa Atlántica de Portugal.

Playa de Santa Ana en Ponta da Piedade, el Algarve. © María Calvo.
Playa de Santa Ana en Ponta da Piedade, el Algarve. © María Calvo.

Y es que Portugal nos ofrece una extensa costa de 850 kilómetros de playas inmensas, de aguas limpias – también bastante frías, todo hay que decirlo, excepto las playas del Algarve, con temperaturas más altas – y arenas blancas. Es un gran placer caminar por estas enormes playas y disfrutar del Atlántico, con sus mareas, que huele a mar realmente, a marisco, a pescado el cual forma parte de muchos de los platos de la gastronomía portuguesa.

Playa de Odeceixe, en la Costa Vicentina, más desierta y salvaje que las del Algarve. © María Calvo.
Playa de Odeceixe, en la Costa Vicentina, más desierta y salvaje que las del Algarve. © María Calvo.

Y por el norte, llegamos a espléndidas ciudades con una gran riqueza monumental, como Viana do Castelo – una de las ciudades más hermosas del norte de Portugal -, Braga, entre las más antiguas, con su universidad y la monumental escalinata del Santuario del Bom Jesus; la bella Barcelos, con su casco antiguo y el emblemático gallo de Barcelos. Y por supuesto Porto, Oporto, Patrimonio Mundial de la UNESCO – uno más de los muchos lugares que han sido clasificados en Portugal como Patrimonio Mundial de la UNESCO -, una bellísima ciudad que mira al Duero, que posee un inmenso patrimonio monumental. Oporto tiene algo diferente, es una ciudad con una luz especial, una ciudad de mil caras, con mil puntos de vista: podemos ver Oporto en barco desde el Duero, podemos ver Oporto y su espléndido centro histórico desde el mirador más alto, o tal vez Oporto de noche, desde la otra orilla, donde se encuentras las bodegas del famoso vino de Porto, cenando y degustando un delicioso bacalao regado con un vino branco. En todo caso, Porto es una ciudad que conquista.

Hermosa panorámica de Oporto. © Tablinum Carlson.
Hermosa panorámica de Oporto. © Tablinum Carlson.

Y conquista no sólo por lo que acabamos de decir, sino también por su vino, cultivado en las terrazas del Duero. Aunque en el norte también pueden degustar los vinos de mesa del Douro, que están adquiriendo cierto renombre, y por supuesto el vino verde, que en realidad es blanco o tinto, aunque es más apreciado el primero. Les aconsejamos pues que hagan la Ruta del Vino de Porto y Douro, que se puede hacer en coche, barco o tren; que visiten las aldeas vinateras de Favaios, Provesende, Barcos, Ucanha, Trevões y Salzedas; y, por supuesto, que conozcan las bodegas de Gaia, donde envejece el vino de Oporto. Desde luego, muy recomendable el enoturismo en Portugal.

Uno de los famosos vinos de Portugal, el Oporto. © Javier González.
Uno de los famosos vinos de Portugal, el Oporto. © Javier González.

Por otra parte, no podemos olvidarnos de la espléndida ciudad de Guimarães, cuna de Portugal, que fue Ciudad Europea de la Cultura 2012, y no es de extrañar, puesto que es una de las ciudades más bellas del país, con su magnífico conjunto monumental, sus callejuelas impecables, sus casas señoriales, su castillo, …catalogado Patrimonio Mundial por la UNESCO, y no es una ciudad de exposición, si no que se ve vida en ella, es una ciudad auténtica, como muchas de las ciudades y pueblos de Portugal.

La región de Oporto y Norte también es conocida por sus termas de efectos terapéuticos y relajantes muy apreciados. Visiten también las termas portuguesas de Caldelas, de São Vicente, de Chaves o de Taipas.

Barco "moliceiro" típico de la ría de Aveiro, la pequeña Venecia portuguesa. © Patricia.
Barco “moliceiro” típico de la ría de Aveiro, la pequeña Venecia portuguesa. © Patricia.

El Centro de Portugal nos reserva tesoros como Aveiro, entre la ría y el mar, con sus barcos típicos llamados “moliceiros”; las famosas construcciones típicas de madera de diferentes colores: los “palheiros”en la Costa Nova, además de las inmensas playas de Nazaré o de Peniche; Ovar y los azulejos – otro de los símbolos de Portugal -; las aldeas de esquisto y pueblos amurallados que son auténticas joyas, como es el caso de Óbidos. Sin olvidar Viseu, Guarda y Castelo Branco, ciudades de interior con mucha historia. Y claro está, ciudades antiguas como Coimbra, Patrimonio Mundial de la UNESCO, todo el mundo ha oído hablar de la antigua Universidad de Coimbra. Y en las montañas del interior, la sierra de la Estrella, o la de Lousã, Caramulo o Açor, con sus bellas rutas de senderismo y de BTT.

Y la luz de Portugal, Lisboa, la capital, una ciudad mirando al río Tajo, que serpentea como un viejo tranvía por las callejuelas adoquinadas, llevándonos desde la Baixa hasta el Barrio Alto, mostrándonos sus secretos más ocultos y también los más evidentes. Después está Sintra y su castillo de cuento de hadas. Y Cascais y la Costa de Estoril, que aún conserva palacetes y casonas de finales del siglo XIX.

Los azulejos son uno de los productos de artesanía más apreciados de Portugal. © María Calvo.
Los azulejos son uno de los productos de artesanía más apreciados de Portugal. © María Calvo.

Y siguiendo el Tajo, el Alentejo, con las bellas playas del sur, ideales para hacer surf, y la inmensa llanura del interior, que se presta para dar paseos en bici o a pie. Santarém, mirador sobre la inmensidad del Tajo, castillos, recintos amurallados, y las magníficas ciudades de Évora y Elvas, Patrimonio Mundial de la UNESCO, sin olvidar Beja o Portalegre. Y el vino del Alentejo, tan conocido como el vino verde o el Porto.

No dejen de hacer la Ruta vicentina, que recorre la costa oeste, mirando al Atlántico, 340 kilómetros a lo largo de una de las zonas costeras más bellas de Europa. Una ruta de inmensas playas salvajes que recorre dos regiones de Portugal: el Alentejo y el Algarve y que se terminan en el cabo San Vicente para ver bellísimas puestas de sol, sobre todo en verano.

La costa recortada del Algarve, en Ponta da Piedade con sus espectaculares acantilados. © María Calvo.
La costa recortada del Algarve, en Ponta da Piedade con sus espectaculares acantilados. © María Calvo.

Y de ahí al Algarve, que ocupa prácticamente todo el sur de Portugal, una región llena de calor, de luz y de color. Y es que el clima del Algarve es magnífico: 3000 horas de sol, que invita a unas auténticas vacaciones en Portugal. Una región para hacer senderismo litoral y descubrir los espectaculares acantilados de la Costa de Albufeira, Benagil, Lagos, …Recorrer los caminos señalizados que nos llevan a cuevas esculpidas por el mar, a calas de aguas azul turquesa…Las espléndidas e inmensas playas de arena fina de Odeceixe, en la Costa Vicentina, los inmensos arenales de Portimão. Los pueblos tal vez demasiado turísticos se ven compensados por estas maravillas naturales, y también por el paisaje del interior del Algarve, más frondoso, más montañoso, con tesoros como Silves o Aljezur, pueblos con hermosos cascos históricos que nos invitan a perdernos por sus callejuelas y descubrir despacio el patrimonio monumental. Al igual que los pueblos costeros como la bella Tavira. Sin olvidar la capital, Faro, una ciudad también llena de historia.

En Portugal la artesanía es rica: azulejos, textiles, corcho, ...© María Calvo.
En Portugal la artesanía es rica: azulejos, textiles, corcho, …© María Calvo.

Para terminar este recorrido por este magnífico país que es Portugal, atravesemos un trocito de océano para llegar a las magníficas islas de Madeira y Porto Santo y a las islas Azores, joyas del Atlántico. Unas islas que nos ofrecen un turismo natural: las magníficas rutas de senderismo, las conocidas levadas de Madeira, que recorren el exuberante bosque de Laurisilva y llegan a los picos más altos, como el Pico Ruivo; las playas de Porto Santo y del archipiélago de las Azores, con sus nueve islas: las islas de Corvo y de Flores (Azores), que forman parte de las Reservas de la Biosfera de la Unesco, la bella isla Graciosa, conocida como isla Blanca,… Descubran los viñedos plantados en campos de lava en Azores, y por supuesto, el excelente vino de Madeira. Y no olvidemos las fiestas: la Fiesta de la Flor y el Carnaval de Madeira.

Los famosos pasteis de nata, prueba de las delicias en pastelería de Portugal, y de toda su gastronomía. © María Calvo.
Los famosos pasteis de nata, prueba de las delicias en pastelería de Portugal, y de toda su gastronomía. © María Calvo.

Y no podemos invitarles a este viaje a Portugal sin hablarles de la gastronomía portuguesa, una delicia para todos los paladares. La riqueza gastronómica del país se manifiesta a través de los famosos platos de bacalao: dicen que en Portugal hay 365 formas de preparar el bacalhau, una para cada día del año. Y podemos dar fe de ello: el bacalhau á bras, el bacalhau com natas, …Y por supuesto los arroces caldosos, las caldeiradas de pescado y marisco. Los embutidos y los deliciosos quesos. Y, ¡cómo no!: las diferentes variedades de pan y dulces: los famosos pasteles de nata, las palmeras, las queixadas, los almendrados… Y el vino de todo el país: el Oporto, el vino verde, el vino del Alentejo, el Douro,…

Además de su gastronomía monumental y de su sabrosa arquitectura, la cultura y la nostalgia, la saudade, inunda este país tan cercano y tan desconocido. Relea las novelas de Saramago y Queirós, los poemas de Pessoa, la música de Amalia Rodriguez, Madredeus o Carlos Paredes, añore Portugal antes de conocerlo y amarlo. ¡¡Benvindos a Portugal!!.

Los suelos adoquinados tan típicos de Portugal, que forman dibujos en las calles de todas las ciudades. © María Calvo.
Los suelos adoquinados tan típicos de Portugal, que forman dibujos en las calles de todas las ciudades. © María Calvo.