Ciudades de Portugal
Lisboa, es famosa por sus fuertes vínculos con el pasado, por sus palacios e iglesias restauradas y una majestuosa colina con un imponente castillo. Pero no sólo por eso, Lisboa es una ciudad con encanto y tradición, con gente amable y ambiente tranquilo en la que puedes hacer todo tipo de actividades y sacar el máximo provecho a tu estancia.
La historia de Lisboa es una mezcla de hormigón y leyenda. Tanto Plinio el Viejo como el poeta portugués Luis de Camões dieron credibilidad a la historia que la ciudad fue fundada por Ulises, pero en realidad es que los fenicios, mil doscientos años antes de Cristo, la asentaron en el estuario del Tajo. Ellos construyeron una ciudad que se llama Alis Ubbo (puerto de la calma) y bajo su control prosperó durante más de seis siglos.
Los griegos, los romanos seguidos por los bárbaros y, por último, los moros, fueron por turnos ganando y perdiendo la ciudad del Tajo, cuyo nombre ha cambiado con cada nuevo invasor. En 1147, el primer rey de Portugal, Afonso Henriques, con la ayuda de los ingleses expulsó a los moros que habían estado desde el año 714.
Lisboa fue proclamada capital de Portugal en el año 1256. Portugal prosperó durante los siglos 15 y 16 con una sucesión de exploradores que penetraron en las cuatro esquinas del mundo. Sus descubrimientos trajeron gran riqueza a Lisboa en forma de oro, diamantes, seda y especias. En 1908, el asesinato del rey Carlos I en la plaza principal de Lisboa, Praça do Comércio, desencadenó el final de años de monarquia del país y Manuel II es obligado a huir a Gran Bretaña dos años después.
Hoy en día, Lisboa es una ciudad apetecible en todos los ámbitos: sus gentes son gentiles, las calles son tradicionales y contienen una gran cantidad de historias, la comida es sabrosa y de calidad, los edificios históricos son de gran belleza y todo lo que rodea la ciudad tiene una mágia especial.
Vale la pena descubir este lugar a orillas del mar Atlántico pues seguro que nos gusta y aprendemos mucho de la experiencia.


